La amistad, la lealtad y deslealtad en el swinger

¿Realmente podemos esperar una amistad verdadera dentro del ambiente swinger?

A este respecto hay opiniones muy divididas, hay quienes de plano ya declaran que ellos no tienen amigos vainilla, que todos sus amigos son del ambiente swinger y que prácticamente su lado vainilla se limita al trabajo y la familia. Otros se van al otro polo y dicen que el swinger sólo es para coger y que de este lado no tienen amigos. Yo siempre he pensado que los extremos nunca fueron buenos, y no se me hace el movimiento más inteligente poner todos los huevos en la misma canasta (porque uno nunca sabe, en el primer caso, ¿Qué tal que un día deciden que ya no quieren ser swingers, o en el peor de los casos, se separan? ¡Tendrán que crear de cero toda su red de apoyo en el lado vainilla!, y en el otro caso, ¿Qué tal si requieren apoyo dentro del ambiente? ¿Con qué cara vas a pedir un favor si no consideras a nadie como un amigo por acá?), pero pues cada quien…
Mi mamá siempre me enseñó que el amor y la amistad no existen, que no debía ni podía confiar en nadie aparte de ella, que lo máximo a lo que podía aspirar de los demás era al simple aprecio, que todas las personas que se portan bien contigo lo hacen por conveniencia y que sólo de mi familia podía esperar algo parecido al amor o la lealtad. Después la vida le ha dado unos cachetadones y le ha mostrado que el compartir un porcentaje de ADN no puede obligar a alguien a que te quiera o a que le caigas bien, y varios miembros de la familia la han decepcionado. Por el contrario, a mí, la vida me mostró que sí hay personas decentes y que no necesariamente tienen que ser de tu familia, sin embargo, no hay muchas.
En el caso de Pedro, el background era un poco diferente, él estuvo desde siempre acostumbrado a convivir con y a adaptarse a muchos tipos diferentes de personas, su familia es muy grande y en su casa le dieron herramientas diferentes a las que me dieron a mí.
Yo estoy acostumbrada, por la forma en la que me educaron, a tener la guardia alta, a desconfiar de entrada y eso de ser sociable no se me da muy bien, por lo general la gente me cansa pronto y no tengo ningún problema para expulsar a alguien de mi vida en cuanto me lastiman o me salen con alguna jalada. Pedro es súper sociable, más abierto, le habla hasta a las cucharas y él sí cree en las segundas oportunidades.
Por experiencia sé que eso de tener la guardia siempre en alto y pensar que no puedes contarle nada a nadie es muy cansado, desgastante y hasta triste, el no arriesgarnos a apreciar, o incluso a querer a otras personas por miedo a que te den la puñalada por la espalda te priva de la experiencia de sentir el cariño y el aprecio, y aunque sí hay mucha gente culera en el mundo, el quid del asunto es aprender a distinguir a la gente culera de la gente decente. No es una tarea fácil, pero tampoco es fácil asumir que todos son malos, que todos quieren hacerte daño y levantar una muralla a tu alrededor, o aislarte del mundo porque no quieres que te hagan daño. Mi respuesta automática por mi aprendizaje temprano era esto último, y aunque antes en la vida ya había aprendido a bajar un poco la guardia y a darle la oportunidad a las personas de demostrar su decencia o culerez, al convertirnos en swingers, por lo menos para mí, el conocer personas fuera de mi círculo habitual que no fueran tan mamonas, de mente abierta y con quienes resultaba que teníamos muchas cosas en común fue muy refrescante y decidí permitirme a conocer a toda esa gente y no estar a la defensiva. El hacer equipo con Pedro es maravilloso en este sentido, porque él hace ese trabajo que a mí me resulta agotador, de conversar y acercarse, y yo hago el trabajo que para él es difícil, de ser más selectivos y poner límites.
Este experimento, con el trancurso de los años, ha resultado en la comprensión de que el swinger no es un mundo aparte, sino una muestra de la población general, las motivaciones de la gente dentro del lifestyle son las mismas que afuera: principalmente el dinero, el poder, la atención y el reconocimiento; hay envidias, hay competencia, hay dramas como de secundaria, en fin… La mierda es la misma, swinger o vainilla. La mayor diferencia es que aquí se elimina el factor de la tensión sexual: mientras en el mundo vainilla el traer el sexo a colación o convencer a alguien para coger es todo un reto, en el ambiente swinger esa posibilidad ya está sobre la mesa de entrada y sólo depende de que haya gusto mutuo y consentimiento. En el lado vainilla también depende del gusto mutuo, pero le dan más vueltas, les es difícil distinguir entre el deseo sexual y el enamorarse, y algo muy feo es que muchas veces no se entiende que el consentimiento es esencial; para brincárselo, los vainillas manipulan, condicionan privilegios, o de plano utilizan el viejo recurso de emborrachar a la otra persona. También tiende a haber competencias, a ver quién logra cogerse a tal persona. Acá eso no existe, o existe en una mucho menor medida. Pero todo lo demás es lo mismo.
En mi caso, creo que la diferencia básica y abismal entre mi yo antes del ambiente y mi yo en el momento presente es que antes de conocer a Pedro y antes de entrar al ambiente, mi recurso defensivo, además de poner pokerface y no hablarle a nadie, era el ghosteo: cuando me molestaba algo, le dejaba de hablar a la persona en cuestión y desaparecía de su vida sin darle mayores explicaciones. Con eso de que Pedro sí cree en las segundas oportunidades, y con eso de que he tomado muchos años de terapia, empecé a probar el recurso de por lo menos notificarles por qué desaparecía de sus vidas. En los últimos años, en un par de ocasiones que nos han hecho alguna mamada, por lo menos procedo a explicar qué fue lo que no me pareció, por qué me lastimó, y espero por lo menos una disculpa. Nos ha funcionado en un par de ocasiones, e incluso hemos podido rescatar amistades. Pero en un par de casos lo que ha ocurrido es que al expresar qué es lo que percibí y cómo eso me hizo sentir, la respuesta es un gaslighting: me salen con que para nada pasó eso y que todo es fruto de mis telarañas mentales. Evidentemente, cuando me tiran de a loca y me niegan que las cosas ocurrieron (siendo que tengo evidencia), pues no dejan margen para la maniobra y entonces sí, pasan a ser un mueble más en nuestras vidas y cada quien continúa su camino de manera separada.
Así es la vida, en todos lados hay gente chida y gente culera, y en general hay poca gente a la que realmente le importemos, muchas personas tendrán prioridades más arriba que nosotros y lo que hagamos o dejemos de hacer, cómo nos sintamos, o por lo que estemos pasando, a la mayoría de la gente le tiene sin cuidado más allá del chisme. Y esta realidad tiene como consecuencia que algunas personas a quienes habíamos considerado amistades leales nos hayan decepcionado, y que otras personas, de quienes no esperábamos nada, nos hayan sorprendido positivamente.
Pero creo que lo importante es que, aun con esas amistades que ya terminaron, vivimos experiencias y aprendimos de ellas, a veces incluso formas de ver la vida y de conducirnos, durante la convivencia con ellas, llegamos a ver cosas desde puntos de vista que no nos hubiéramos imaginado, aprendimos que se podía aspirar a cosas diferentes y creo que en última instancia, no nos queda más que agradecer esas vivencias, aprendizajes y la confianza para confiarnos cosas que ahí se quedarán, fue bonito mientras duró.
Al final, creo que lo importante es no despegar los pies del suelo y estar conscientes todo el tiempo de que no todas las amistades pueden durar toda la vida; ciertamente, al involucrar un componente sexual, la primera impresión es que las amistades dentro del ambiente tienden a ser más fáciles, íntimas y abiertas, y definitivamente hay quienes hemos podido cultivar amistades cercanas aquí, pero todos haremos bien en recordar que en todas partes hay gente que espera la oportunidad para aprovecharse de nosotros, o por lo menos, mucha gente para quienes no somos prioridades, y por lo tanto, la primera prioridad dentro del ambiente, siempre debe ser el bienestar de nosotros mismos y nuestra pareja. No nos clavemos con cosas que no valen la pena y por supuesto, nunca nos quedemos donde nos lastimen o donde nos utilicen. Una vez entendido esto, ¡A disfrutar del ambiente swinger y a divertirse!

1 comentario en “La amistad, la lealtad y deslealtad en el swinger”

  1. No soy del ambiente, pero todo lo que dices es cierto. si nos adentramos a cada mundo que existe nos vamos a encontrar con lo mismo gente buena y gente mala experiencias buenas y malas al igual pensaba será posible mantener una mitad con una persona del sexo opuesto al mío sin la necesidad de caer al deseo sexual y si se puede lo viví y es gratificante gracias por permitirme leer su opinión y experiencias

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