Entre likes y responsabilidades

¿Qué tanto contribuimos con lo que subimos a redes sociales a derrumbar o a perpetuar los prejuicios hacia el estilo de vida swinger?

Con frecuencia, los swingers nos quejamos de que los vainillas no entienden de qué se trata este estilo de vida, nos quejamos de que piensan que todo en este lado se trata sólo de sexo, de que piensan que todo el tiempo queremos coger y que queremos cogernos a todos; pero, ¿Qué tanto nosotros contribuimos a perpetuar esas percepciones equivocadas con lo que publicamos en redes sociales, sobre todo en redes sociales abiertas?
En este artículo compartiremos nuestra experiencia y opinión personal, y queremos recalcar que sólo es eso, no pretendemos hacer ningún juicio hacia nadie, ya que todos son libres de manejar sus redes personales como quieran, solamente queremos reflexionar al respecto.
Hace varios meses leíamos en este artículo de nuestros queridos Jardin de Adultos acerca de que los swingers que aparecemos en Twitter, que decidimos, de cierta manera, ser voces del ambiente, probablemente deberíamos empezar a cuestionarnos cuál es nuestra responsabilidad como escaparates del gremio. Y por lo menos a mí, Kat, me cayó como cubetada de agua fría, porque justo unos meses antes había intentado salir del clóset con mi mamá, y la cosa no había salido lo que se dice fluida. Y es que, aunque resumir los últimos 5 años de mi vida en una plática de un par de horas no es tarea fácil, lo es menos cuando tratas de salvar una brecha generacional considerable, y además tratando un tema tan espinoso y tan ligado a una actividad que, para ella y para muchas otras personas, está íntimamente relacionada con la explotación femenina y con el maltrato. ¿Cómo le explicas a gente como mi mamá que el swinger es algo difrente que la prostitución, si el mismo algoritmo de internet nos pone en el mismo costal? ¿Si nosotros nos ponemos en el mismo costal?
Ya escribimos en otra entrada acerca del trabajo sexual y su relación con el ambiente swinger, así que en esta ocasión no vamos a profundizar más en eso, si quieren leer ese artículo completo, pueden hacerlo aquí.
Sería muy hipócrita de nuestra parte ponernos a repudiar o a tachar de inmoral el trabajo sexual, y no es la intención, simplemente queremos hacer notar lo difícil que es para las personas que no estamos metidas en este mundo separar en sus cabezas la idea de que el swinger no es lo mismo que prostitución (y bueno, ya si nos ponemos optimistas, que el trabajo sexual no es sinónimo de violencia, drogas y explotación).  
Twitter (X) es la red social que menos nos censura, o que por lo menos no nos cierra la cuenta a la primera foto en la que se asoma un pezón o a la primera mención de las palabras “sexo”, “verga” o “vagina”. En las otras redes tenemos que estar haciendo malabares con los eufemismos y con la edición del audio con tal de que no nos amonesten o nos eliminen la cuenta. Sin embargo, esta aparente libertad para decir lo que queramos y mostrar lo que queramos, en muchos casos es poco más que un espejismo, porque en realidad sigue siendo necesario proteger nuestra identidad, sigue habiendo discriminación hacia este estilo de vida y hacia todo lo que sacuda un poco las ideas rancias y lo ya establecido, ya sabemos de esas historias de terror en donde a fulano lo despidieron de su trabajo cuando se supo que era swinger, o de que a sutano le sacaron lana porque lo amenazaron con revelar su cuenta de X a su familia. Esto no debería pasar, porque justamente estas acciones vienen del miedo y del desconocimiento, de pensar que somos unos entes que no se pueden controlar y que vamos a estar cogiendo o ligando en el trabajo, o de que vamos a ser malas influencias para nuestros familiares, o como en el caso de mi mamá, de pensar que mi esposo me obliga o me emborracha para hacer esas cosas porque ¿Cómo va a ser que a su hija santa le guste el sexo? ¿Cómo me va a gustar a mí coger con más hombres aparte de mi esposo? O ¿Cómo va a ser que también me gusten las mujeres?. Obviamente la dificultad de entender todo esto, en parte, tiene que ver con la construcción del concepto de mujer que, sobre todo la iglesia, nos ha creado: Una mujer no puede existir de manera multidimensional, tiene que ser santa o puta, tiene que ser madre o bruja, no pueden coexistir todos esos aspectos en una sola persona, y si eres puta o bruja, mereces un castigo. Pero, ¿Qué tanto colaboramos nosotros a acabar con esa discriminación y a cambiar esos conceptos arcaicos? ¿Ayudamos nosotros a que a las personas ajenas al ambiente swinger entiendan que el trabajo sexual y el ambiente son dos cosas diferentes? ¿Promovemos el concepto de que una mujer puede ser esposa, madre, tener un trabajo convencional, y a la vez disfrutar plenamente de su sexualidad? ¿Dejamos claro que, aunque decidamos ejercer algún tipo de trabajo sexual, eso no nos imposibilita para funcionar en el resto de los aspectos de nuestra vida ni nos transforma automáticamente en malas personas? ¿Difundimos la idea de que el valor de una persona no depende de su género, preferencia sexual, número de parejas sexuales, ocupación, etc, sino que es inherente a su condición de ser humano? .
La expresión “libre” de nuestros deseos y actividades que nos permite X, y el que esta red no se escandalice por los desnudos, no elimina el sesgo con el que mucha gente percibe lo que publicamos. En la cabeza de esa gente, ¿Qué otro motivo podría tener una mujer para subir sus fotos a internet si no es para que le digan de cosas y para buscar quién se la coja? Casi casi que en la misma línea de pensamiento estúpida de ¿Para qué sale con minifalda si no quiere que la vean, le griten vulgaridades y la manoseen?.
Y es que cuando tenemos voz dentro de las redes sociales abiertas, tal vez tendríamos que pensar antes de publicar: “¿Cuál es la idea que queremos transmitir?” y “¿A quién queremos transmitírsela?”. La gente que está entrando apenas al swinger piensa que ser swinger es sinónimo de crear y vender contenido a huevo, o que ser swinger es cobrar por encuentros, o que esto sólo se trata de sexo grupal e indiscriminado. Y la realidad es que ninguna de esas tres cosas son verdad; sin embargo, esa es la idea que se transmite en X. Y ya ni siquiera profundicemos en que cuando uno pone una foto de una chica desnuda con el copy “¿Qué me harías?” o “Así te estoy esperando”, la mayoría lo va a tomar literal, o como una invitación; no como una frase al aire que pretende estimular la interacción con el posteo, inspirar una fantasía, o a comprar el contenido de la chica.
Evidentemente, para comprender de qué se trata el ambiente swinger, no basta con pasar 5 minutos en X, sino que es necesario vivirlo desde adentro, ir a eventos, convivir con las personas, leer y documentarse, porque, de quedarse en esa superficie, seguiríamos creyendo que esto se trata de enseñar chichis y nalgas (y sí se trata de eso, pero se trata de mucho más que eso).
Cuando Pedro y yo empezamos a ser swingers y yo, Kat, creé la cuenta en X (en ese entonces todavía era el querido Twitter), al sumergirme en este tema, aunque todavía no había llegado el boom de la venta de contenido, lo primero con lo que me topé fue con un desfile interminable de mujeres de mujeres encueradas (y algunas no encueradas) en poses sugerentes. No que eso me haya escandalizado, ya que durante muchos años me acostumbré a convivir en un ambiente de muchos hombres (y bastante machista, me atrevería a agregar), y ninguno de ellos tenía reparo en andar enseñando las nudes que sus novias les mandaban, o en andar compartiendo clips porno, o en expresarse de las mujeres como meros objetos. Durante muchos años me acostumbré a normalizar todas esas conductas, y de hecho, yo ya me había resignado a pensar que así eran todos o la mayoría de los hombres, y les seguía el juego y me reía de sus chistes. Y dicho sea de paso, también me había resignado a que nunca iba a conseguir una pareja porque, además de que ellos me veían como un vato más, obviamente no me parecían esas dinámicas (sí quería sentirme deseada, pero no quería que se expresaran así de mí, ni que me maltrataran). Entonces, regresando al desfile interminable de senos y traseros femeninos con el que me topé cuando creé la cuenta en Twitter, lo primero que pensé fue que para encajar en este rollo había que enseñar las chichis y las nalgas, y aunque no me escandalizó, tampoco era algo que alguna vez hubiera estado en mi wishlist. Yo nunca en la vida le había mandado siquiera una nude a alguien, y eso de colgar la primera en el inmortal internet se sentía raro pero a la vez emocionante, además, me tranquilizaba el hecho de no mostrar la cara. Mis primeras chichis en Twitter fueron durante las elecciones de 2018, había una dinámica de #YoYaVoteEnChichis y había que poner las chichis y el dedo con la marca de que ya habías votado.
A partir de entonces, y durante mucho tiempo, el subir la foto sexy a Twitter, para mí se convirtió en una costumbre, una forma de interactuar con la comunidad, de agregar posteos a nuestro timeline y hasta de validación, porque permitía que las personas pudieran ver, con la constancia de las fotos, que sí éramos esas personas, que eran fotos actuales, que ya conocíamos a otras parejas del ambiente, que habíamos acudido a eventos, etc. Además, por supuesto que me gustaba la caricia constante a mi ego cuando recibía piropos y halagos, y como estaba protegida por la pantalla y por el anonimato, no me angustiaba como recibirlos en la vida real.
Cuando llegó la pandemia, y empezó el boom del Onlyfans, decidimos subirnos al tren del mame porque recibimos la invitación para participar en un live de una pareja de amigos que en ese entonces eran muy queridos, ellos también estaban empezando con su Only y se nos hizo buena idea ir aprendiendo juntos, me acuerdo que Pedro y yo platicamos algo así como que esto era como una ola y que deberíamos aprovechar para subirnos a la cresta porque si no lo hacíamos nosotros, de todas formas muchas personas lo iban a hacer, y si podíamos tener alguna clase de ganancia de algo que de todas formas hacíamos gratis, pues estaría chido, yo estuve de acuerdo y pues nos subimos. Durante un par de años disfruté mucho de la creación de contenido porque esta actividad estimulaba nuestra creatividad, me daba una razón para arreglarme, para comprar lencería, para mantenerme más o menos en forma, y sobre todo disfrutábamos crear contenido con nuestros amigos, ya que nos daba un pretexto para vernos seguido, y para tener un tema adicional de conversación, me divertía mucho la retroalimentación diaria acerca de cómo nos había ido a cada uno, el platicar acerca de los comentarios que recibíamos, el ayudarnos para resolver problemas con los que de repente nos atorábamos, en fin, la pasábamos muy bien y además nos pagaban por ello. Sin embargo, no era algo que quisiera hacer diario, sobre pedido, o siguiendo un guión,  eso de hacer un video personalizado masturbándome y decir al final el nombre de Juanito Pérez nunca fue lo mío, definitivamente no quería estar estimulando la fantasía de hombres solos desconocidos ni estar haciendo lives o videollamadas fingiendo un interés que no sentía hacia un fulano random para que ese fulano random se la jalara. Por supuesto que no me voy a engañar, sé perfectamente que he sido la inspiración de las chaquetas de muchísimos sujetos, y que el público principal de las cuentas de las parejas swinger en redes abiertas son hombres solos que nomás vienen a pajearse con el contenido explícito y con la idea, que para ellos sólo es una fantasía, del sexo grupal.
Pero mucho más allá de la ganancia económica que nos hubiera podido dejar nuestro hobby que monetiza, creo que lo mejor que nos dejó la creación de contenido fue el aprendizaje de cómo funcionaban las otras redes sociales, y que además de promocionar el contenido explícito, tuvimos la inspiración de hacer contenido más informativo en esas otras redes sociales, y lo que más nos llena de gozo es poder ir cambiando la mentalidad aunque sea de una sola persona, nos encanta saber que todo esto no se ha quedado en unas cuantas fotos o videos sexys y que lo que hemos escrito en el cuerpo de nuestros tweets, aquí en el blog o lo que hemos dicho en nuestros videos de TikTok (aunque nos falten unas clases de locución y comunicación) ha sido leído o escuchado, y entendido por algunos, y nos resulta extremadamente satisfactorio cuando recibimos mensajes de parejas que nos dicen que gracias a nuestros artículos o a nuestros videos empezaron a pensar y plantearse formas diferentes de vivir su relación, y cuando nos cuentan que ya lograron hacer su primer trío o intercambio se nos llena el corazón.
Con el tiempo, y cambios que se han dado, tanto internos como en nuestro alrededor, para nosotros la creación de contenido explícito ha perdido mucho de su encanto, y aunque no diremos que nunca lo volveremos a hacer porque uno nunca sabe qué pueda pasar y puede terminar uno comiéndose sus palabras, por el momento consideramos que esa etapa ha terminado. Obviamente seguimos siendo swingers y seguimos amando la ondita pero, justamente, hemos tomado consciencia de la responsabilidad que tenemos al hacer difusión de este estilo de vida y queremos colaborar a disminuir, no a aumentar y perpetuar las ideas erróneas y los prejuicios que existen hacia esta forma de no monogamia.

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