¿Cómo iniciamos nosotros en el Estilo de Vida Swinger?

Nuestro primer intercambio de parejas

Una de las preguntas más frecuentes que recibimos en redes sociales es: ¿Cómo iniciamos nosotros en el ambiente swinger?
Probablemente si ya viste o escuchaste alguna de nuestras entrevistas, ya te sepas la historia de memoria, pero si te faltan más detalles, o si no has visto ninguna de nuestras entrevistas o escuchado alguno de los podcasts en los que aparecemos, por aquí te dejamos la historia completa.
Esta historia comienza en 2016, Pedro había comprado un departamento hacía un par de años para que viviéramos juntos, y durante mucho tiempo no tuvimos muebles, más que un comedor, el mueble de la tele y la cama. En ese entonces había una pareja de amigos muy cercanos, que acababan de casarse, y a quienes veíamos prácticamente cada fin de semana, ellos iban a nuestro departamento o nosotros al suyo y platicábamos, bebíamos unos vinitos, o cervezas, jugábamos juegos de mesa, o veíamos alguna película. En una de esas ocasiones, decidimos ver una película tomando unas copas de vino, pero obviamente para ver la película teníamos que estar los 4 amontonados en la cama porque no había más muebles. La película elegida fue “Vecinos”, en la que Zack Efron es protagonista. La película se trata de una fraternidad de estudiantes que se muda a un vecindario común y corriente en Estados Unidos y los problemas que esto le ocasiona a sus vecinos. Entonces, en algún punto, nuestra amiga empezó a decir que nosotros deberíamos hacer nuestra fraternidad y tener nuestro ritual de iniciación y beber como los chavos de las fraternidades. Para esto hay que imaginarse cómo estábamos los 4 acostados en la cama viendo la película: nuestra amiga y yo, Kat, estábamos acostadas una al lado de la otra en el centro de la cama, mientras nuestros esposos estaban en los extremos, Pedro junto a mí, y su esposo junto a ella. Nosotras dos, al estar en el centro, estábamos en constante contacto físico y esto más los fondos de vino que empezamos a tomarnos para «tomar como en fraternidad» hizo que nos desinhibiéramos y en algún momento empezamos a besarnos, el juego escaló, nos quitamos la ropa y finalmente invitamos a nuestros esposos a que se integraran, cuando lo hicieron, cada uno fue con la esposa del otro y terminamos teniendo sexo intercambiados de pareja.
Hasta el momento, yo, Kat, no había tenido ninguna interacción de ese estilo con las chicas, y la verdad no era algo con lo que fantaseara o tuviera muy presente en la cabeza, tampoco era algo que me escandalizara, y en el momento fue lo que sentí que tenía que pasar y lo disfruté mucho. Durante mi formación en escuela de monjas había momentos en los que me ponía nerviosa en presencia de alguna de mis amigas que admiraba o consideraba guapas, pero no lo hubiera definido como atracción sexual, principalmente porque las monjas y mi familia eran completamente cerrados al respecto y para ellos lo que no fuera heterosexualidad era del diablo. Entonces cuando me llegaban a asaltar pensamientos por el estilo, sólo me decía a mí misma: «ay no, no, no pienses eso», lo bloqueaba y prefería pensar que sólo era reconocer la belleza o admirar a otras chicas.
Muchos nos han preguntado a Pedro y a mí, qué sentimos durante ese primer intercambio o después. Creo que mucho de lo que pasaba por la cabeza de los 4 era algo así como: «¿WTF está sucediendo?» pero por lo menos para mí, Kat, este pensamiento no fue en un sentido negativo, sino de sorpresa, porque nunca me hubiera imaginado que algún día me tocaría vivir algo así. Si ya el hecho de haber logrado que un par de chicos hubieran querido coger conmigo y el hecho de haber conseguido una pareja estable, para mí ya eran cosas que me volaban la cabeza, porque nunca me caractericé por tener mucho pegue o muchas oportunidades para ligar. Para explicar cómo procesé esa experiencia, tengo que explicar cómo era mi percepción del sexo. Durante mi infancia y mi adolescencia temprana, el sexo era algo sucio o un pecado, luego algo que deseaba experimentar pero que sentía inalcanzable y cuando lo experimenté, después de haber estudiado toda la teoría detrás de la función sexual, así como sus riesgos, para mí dejó de ser algo sucio, o algo místico o inalcanzable, lo empecé a ver como una función corporal, como comer; otra función fisiológica más que produce placer, y así como a la actividad de comer, le quité la acepción de pecado y cuando empecé a practicarlo, lo hice sin culpa. Es más, me atrevería a decir que sentía más culpa por comer que por coger. El sexo para mí nunca estuvo romantizado, en el sentido de que a mí nunca me enseñaron eso de que sólo tienes sexo con quien amas. Es más, a mí me enseñaron que el amor romántico no existía, que detrás de eso siempre sólo había deseo sexual, entonces yo nunca relacioné el amor con el sexo. Con Pedro, obviamente le agregué esa función de expresión de amor, como a los besos y los abrazos. Cuando tuvimos ese primer episodio de intercambio de parejas (y en el caso de nuestra amiga y mío, además, primer episodio de sexo lésbico), para mí fue eso, sólo una actividad más, diferente y muy placentera.
Si le preguntan a Pedro, él dice que cuando nuestra amiga y yo comenzamos a jugar, esa tarde de domingo completamente equis, se estaba convirtiendo en una de sus más alocadas fantasías. Dice que sólo recuerda estar ahí, de pie, junto a la cama, asombrado, viendo cómo nos quitábamos la ropa y evitando que el otro chico detuviera la acción, porque el esposo de la otra chica se espantó y de inmediato dijo “¡Ay no, hay que separarlas!”. Pedro lo abrazó y le dijo: “Tranquilo, deja que fluyan”. Eso lo tranquilizó, y cuando los invitamos a jugar, se incorporó al juego tan entusiasmado como Pedro. La emoción era intensa, el miedo a perder o modificar la amistad estaba presente, pero la curiosidad ante esa experiencia nueva era mayor.
Obviamente el episodio nos encantó. Ese día tuvimos que platicarlo los 4 porque evidentemente ninguno de nosotros había tenido una experiencia así en su vida y sobre todo a nuestra amiga le habían dado varios golpes de culpa durante el evento, se separaba de nosotros y se encerraba en el baño a llorar porque “había traicionado nuestra amistad” y yo tenía que ir a consolarla y a decirle que no se preocupara, que los 4 éramos adultos y habíamos consentido hacer esto (obviamente no lo habíamos platicado antes como para dar nuestro consentimiento verbal o escrito de manera explícita, porque ni siquiera sabíamos que eso teníamos que hacer, pero sí hubo un consentimiento tácito porque todas las respuestas fueron sumamente entusiastas).
Una semana más tarde, yo Kat, tuve una plática más extensa con nuestra amiga, principalmente para asegurarle que el que ella hubiera cogido con mi esposo no había arruinado nuestra amistad, que yo me sentía bien al respecto porque estaba segura de que eso no iba a escalar a que ella le escribiera a escondidas o viceversa. Sobre todo porque conocía su relación con su esposo y estaba segura de que eso no iba a ocurrir, y le aseguré que tampoco de mi lado ocurriría con su esposo porque yo no tenía ningún interés en conquistarlo, y que eso que habíamos hecho era una actividad recreativa como cualquier otra de las que realizábamos en pareja de parejas, como ir al cine, ir por un helado o reunirnos a tomar una cerveza. Pedro también tuvo que platicar con el otro chico.
El “error” ahí fue continuar de manera “intuitiva” porque nunca especificamos con qué frecuencia lo íbamos a hacer, si cada vez que nos viéramos iba a terminar en intercambio completo, si iba a continuar siendo en la misma habitación, etc. En ese momento ninguno de los 4 nos habíamos documentado al respecto de las no monogamias y no sabíamos que tenían que platicarse todas las posibles variables y establecer de manera clara y explícita todos los límites. Entonces, el resultado de eso fue que cada vez que nos veíamos, por lo menos yo, Kat, iba esperanzada a que iba a haber sesión, mientras que del otro lado ella se sentía más bien “comprometida” y no sabía cómo expresarlo, entonces, cuando íbamos a la casa de ellos y ella no se sentía en el mood, se ponía súper seria y no toleraba el contacto físico con ninguno de nosotros. Pero cuando sí se sentía en el mood estaba genial porque la química fluía y hacíamos el intercambio. Pudimos haberlo platicado, pero no se nos ocurrió. Esta dinámica duró dos años. Sin embargo, esto de estar a disposición de su barómetro, a mí se me empezó a hacer algo cansado y frustrante, así que me llegó la iluminación y dije: “Pues seguramente debe haber más gente en el mundo que haga esto, no creo que seamos los únicos”. Puse manos a la obra e invoqué a San Google, y puse “intercambio de parejas”. Al darle Enter, encontré varias cosas relacionadas con el tema: El club Casa Swinger, definiciones escuetas, artículos que satanizaban el estilo de vida y entre varios resultados de la búsqueda, me encontré un blog que se llamaba “Vida Swinger”, que era el punto de vista de una pareja que contaba su incursión y evolución en el ambiente. El blog ya no existe y la pareja que lo escribía ya no es swinger, pero gracias a ese blog descubrí que en Twitter había una gran comunidad de gente que quería hacer lo mismo que nosotros, y también descubrí un blog mucho más detallado, el de Jardín de Adultos, y me leí hasta aprenderme casi de memoria toda la sección para principiantes. Estas investigaciones no se las conté hasta un par de semanas después a Pedro, quien al principio no se encontraba completamente convencido. Cuando le propuse a Pedro que nos convirtiéramos en una pareja swinger, la respuesta, como era de esperarse, fue inicialmente defensiva: “¿Por qué quieres hacer esto con más personas?”, “¿Ya no soy suficiente para ti?”. Y claro, no podía haber sido de modo diferente, porque al igual que el resto de las personas, teníamos la idea de que él tenía que ser suficiente para mí, y yo ser suficiente para él, y que debíamos ser sexual y afectivamente exclusivos. Pero estar casados no quiere decir que ahora cada uno tiene la obligación de satisfacer todas las necesidades del otro, el clásico: “Tú eres todo para mí”, es tan peligroso como irrealizable, nadie puede satisfacer absolutamente todas las necesidades de otra persona. Con base en esa postura, hay personas que piensan que su pareja se convierte en su sirviente, o en su cajero automático. Y como es imposible que una sola persona satisfaga todas las necesidades de otra, aquí es donde muchas personas caen en la infidelidad. Le aseguré que él me seguía gustando tanto como siempre, y le pregunté que si a poco lo que hacíamos con nuestros amigos no le gustaba y le parecía emocionante. Obviamente la respuesta fue afirmativa, por lo que le expliqué todo lo que había investigado y le propuse que fuéramos a una fiesta de Pareja Polanco, pero esa historia es para otra ocasión.
Sabemos que nuestro inicio como pareja swinger es muy poco ortodoxo, y poco común. No es frecuente que las parejas se aventuren sin haberlo platicado en un intercambio de parejas completo con todo y blizz. A nosotros nos funcionó muy bien, pero lo que le funciona a una pareja no tiene por qué funcionarle a otra, y aquí hay que tener en cuenta que nuestro inicio como pareja vainilla tampoco fue muy ortodoxo, y desde nuestras primeras citas ya estábamos platicando sobre cosas que no todas las parejas platican, preguntándonos sobre qué opinábamos de los tríos, del porno, de la infidelidad, y de muchísimas cosas más. También hay que tener en cuenta el nivel de cercanía y la relación que tenemos con la otra pareja. Pero para muchas parejas que inician, el empezar de esta manera puede ser una receta para el desastre, así que, aunque este haya sido nuestro inicio, nosotros les sugeriríamos llevársela con más calma, definir qué es lo que quieren e ir viendo qué es lo que les funciona a ustedes.

2 comentarios en “¿Cómo iniciamos nosotros en el Estilo de Vida Swinger?”

  1. La vida está hecha de momentos y si nos vives tal vez no vuelvan a pasar y eso los condujo lo que es ahora no solo su estilo de vida si no una forma de seguir como pareja viviendo momentos

  2. Que gran experiencia son una pareja muy atractiva y con muy buen material en sus redes son mis ídolos del Sw felicidades por su blog y por compartir sus experiencias

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